El Segundo Diálogo Nacional por la Paz termina con el reto de imaginar el Estado que necesitamos
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El Segundo Diálogo Nacional por la Paz termina con el reto de imaginar el Estado que necesitamos
Entre las conclusiones fundamentales está la urgencia de integrar a las juventudes, sanar la herida de las personas desaparecidas y asumir que el Estado somos todos.
Ximena Torres
Luego de tres días de trabajo colectivo, análisis de metodologías y propuestas de implementación, el Segundo Diálogo Nacional por la Paz llegó a su fin en el ITESO. En un espacio dedicado a las reflexiones de cierre, los líderes y coordinadores del encuentro hicieron una recapitulación de lo vivido. Resaltaron la esperanza que se manifestó a través de la participación de más de mil 200 agentes de paz de todas las regiones del país.
Jorge Atilano González Candia, SJ, explicó que el diálogo permitió recolectar muchos testimonios que se convertirán en herramientas de trabajo para el siguiente paso del movimiento: imaginar el Estado que México necesita para recuperar la paz.
El jesuita y director ejecutivo del Diálogo Nacional por la Paz puso en común tres claves a partir de lo vivido. La primera es reconocer que el Estado somos todos y, por lo tanto, todos somos protagonistas en el camino hacia un México sin violencia. La segunda es que se necesita un sistema social que integre a todos los jóvenes que han sido excluidos y se han convertido en presas de la delincuencia, y la tercera es que una nueva realidad no será posible sin sanar la herida de las personas desaparecidas.
“Recuerden que vamos acompañados por el padre Joaquín y el padre Javier; por el padre Marcelo, por el padre Bertoldo, por los jóvenes de Teuchitlán, por los jóvenes de Salamanca, por Bernardo Bravo, por Carlos Manzo; por los policías caídos al cuidar a su comunidad; por los hijos que han sido nombrados en este encuentro y tantas víctimas de la violencia”, mencionó Atilano.
Por su parte, monseñor Héctor Mario Pérez Villarreal, secretario general de la Conferencia del Episcopado Mexicano, concluyó su participación con un llamado a la conversión de todas las personas, comenzando por quienes son indiferentes ante el dolor, pero también los victimarios, empresarios, creyentes e incluso los agentes de paz, para que tengan la apertura de escuchar miles de experiencias que, en esta ocasión, no pudieron participar en el esfuerzo nacional de paz.
“Esa es la tarea que nos llevamos. Sentir que también nosotros necesitamos avanzar en este esfuerzo de paz trabajando juntos y uniéndonos. Por eso no queremos ‘que se reduzcan las estadísticas’, como nos dicen [...] Porque las estadísticas no tienen rostro, pero las víctimas sí”, puntualizó el obispo auxiliar de la Arquidiócesis Primada de México.
Como parte de la conclusión del encuentro, el obispo Ramón Castro ofreció una eucaristía, durante la cual envió un mensaje que coincidió con el llamado a la conversión realizado momentos antes. Todas las personas “necesitamos sanar para convertirnos en artesanos de paz. ¿Qué pasos concretos de reconciliación estás dispuesto a dar?”, cuestionó.
Monseñor Castro dijo también que el itinerario para llegar a la paz pasa por el amor, la justicia, la verdad y la misericordia. Aunque atravesar ese camino puede ser lo más difícil, es vital dejarse transformar para poder transformar, enfatizó.
Manifiesto por la Paz
Uno de los instrumentos que resultaron del encuentro fue el Manifiesto por la Paz, al que Ana Paula Hernández, coordinadora del Diálogo Nacional, dio lectura: “Nos negamos a ser indiferentes ante el dolor y la vida que pende de un hilo. Y rechazamos toda complicidad frente a la violencia estructural y sistémica [...] Cada paso, cada conversatorio, cada acuerdo, cada metodología que decidamos implementar, lo haremos con la conciencia de que estamos, desde el Diálogo Nacional, refundando nuestra forma de ser comunidad”.
Bajo el lema “Somos PAZ. Seremos MÁS”, el manifiesto invita a otras personas a unirse al movimiento a través de una firma virtual. De esa manera se suscriben a la exigencia de un México más digno, alcanzable a través de una serie de escenarios ideales, como la capacidad de todas las personas de conmoverse ante el dolor, de cuidar y ser cuidados y de exigir un alto a la impunidad.
Es una herramienta que da protagonismo a todos los sectores de la sociedad, asumiendo el reto que implica vivir en comunidad, como lo mencionó Hernández: “El reto de tener un mismo padre es que tenemos que ser hermanos. El diálogo nacional es un llamado a hermanarnos, a mirarnos, a escucharnos, a encontrarnos de una manera distinta, a no tolerar todo aquello que amenaza la comunidad”, dijo.
La ceremonia de cierre del Segundo Diálogo Nacional por la Paz fue ocasión también para agradecer a las personas que hicieron posible el encuentro. Los organizadores reconocieron el trabajo del ITESO como sede, así como la colaboración de sus más de 200 voluntarios, y la de los líderes religiosos, las instituciones civiles y los equipos estatales que mantienen viva la Red Nacional de la Paz. “Gracias por ser portadores de esperanza. Gracias a todos los sectores que se hicieron presentes”, finalizó el padre Jorge Atilano.
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